*Inés Berton

Emprendedora. En 2001 fundó Tealosophy, una marca dedicada al universo del té.

“Muchas veces me preguntan cómo se siente ser emprendedora en la Argentina. Es sumamente complejo pero, por otro lado, creo que de otro modo Tealosophy nunca hubiese nacido, porque este país es un desafío que me obliga a ser muy creativa. Y esa creatividad hizo que mi marca se destaque en muchos mercados del mundo”.

En esta entrevista exclusiva para *expertos, Inés Berton cuenta cómo su espíritu curioso la llevó a convertirse en una perfumista especializada en cosechas de té. El concepto detrás de su empresa y su peculiar organización, que le permitió crear infusiones para el Dalai Lama, los Reyes de España, el escritor José Saramago y empresas como Bulgari, Chanel y Hermès, además de prestigiosas cadenas de hoteles y restaurantes.

La foto de tapa y de portada es gentileza de Studio Harcourt: @studioharcourt
¿Cómo tomaste la decisión de fundar Tealosophy?

Siempre entendí al té como un lujo posible. Uno puede disfrutar de unas hebras de té negro provenientes de una cosecha de altura, donde se concentra la clorofila, con peras de otoño, ramas de canela, y me encantó que eso sea accesible. El té me llega un poco… más que buscando, me dejé encontrar. No es que me levanté y dije “voy a hacer té”. Aquietarse también es una opción. Me di cuenta que el té tenía mucho que ver con mi mirada y esa forma de ser un poco de oriente y occidente.

La idea de montar Tealosophy nació en 2001, en un momento muy complicado de la Argentina. Dije: “Tengo ganas de fundar esto en mi país”. Tomar un rico té no es lo mismo que ponerse un buzo que dice “Louis Vuitton” enorme en el pecho. Al contrario, es disfrutar de algo que tiene una movida espiritual enorme, que es una tradición milenaria y que está ligado a culturas como la india y la japonesa. Es el segundo producto de mayor consumo en el mundo, después del agua. En ese entonces sentí que era necesario ofrecer algo para reconfortar. Todo el mundo se estaba tratando de ir de Argentina y yo decidí volver del exterior porque pensé que era la oportunidad de brindar algo reconfortante y que no haga sentir a nadie como un bobo, como: “Uy, el país se está prendiendo fuego y yo acá estoy con mi Louis Vuitton”.

¿Cómo se lleva el ritual calmo del té, que tanto disfrutás, con ser una emprendedora en un país como la Argentina?

La descripción limita, siempre. Me llamaron innumerables cantidad de veces para dar charlas sobre cómo es ser mujer en un mundo no sé cuánto… La realidad es que nunca fui hombre. Creo que tuve situaciones complicadas más de una vez y que ser simpática me sirvió. También me pasó de llegar a una cosecha y sentir cierta resistencia, pero nunca dejé de tener un buen tono de voz para liderar un proyecto.

La Argentina es sumamente compleja pero, por otro lado, creo que de otro modo Tealosophy nunca hubiese nacido, porque este país es un desafío que me obliga a ser muy creativa. Y esa creatividad hizo que mi marca se destacara en muchos mercados del mundo.

Cuando vivía en Estados Unidos tenía catálogos de todos los colores, los abría y decía “dame este colador, esta taza”, etcétera, y de todas partes del mundo me llegaba todo perfecto. Cuando llegué a la Argentina tenía que ir hasta Aldo Bonzi a buscar a un japonés que hacía unas teteras y al que me costaba entender y que me entienda (risas). Al final, terminé diseñando cosas que pensé que nunca iba a tener que hacer para el té en hebras, como coladores, teteras, cuencos de gres con colador adentro, y eso también terminó siendo una pata importante del negocio.

¿Qué lugar tiene el diseño, la innovación y la tecnología en el proceso de crear un té?

Enorme. La innovación es todo. Tenemos nuestro equipo dividido en dos. “Dreamers”, que lidero yo, y el equipo “Doers” que son los que bajan las ideas y que guía Andrés, mi mano derecha. Con el equipo de Soñadores decimos que nos encontramos en la banquina. Para crear hay que animarse a equivocarse, a correr riesgos, no es copiar. Vengo de una familia que se especializa en propiedad intelectual y toda la vida tuve muy claro qué es una copia y qué una innovación; mi trabajo no es buscar algo afuera y copiarlo en otro color. La innovación juega un rol fundamental, por eso una vez al año hacemos días de todo el equipo que se llaman “Come fly with me”. Ahí vale todo. A veces lloramos de risa pero muchos de los proyectos con los que lloramos de risa terminan siendo enormes y ahí es donde realmente sale lo lindo.

¿Cuál fue tu mayor reto como empresaria?

Lo que más me costó fue entender la importancia de delegar. Por suerte delego mucho y puedo dedicarme más a crear. A veces es difícil que entiendas el rol de la logística cuando no sos del palo empresario. Así como entender que el límite te lo puede poner una persona a la que le pagás un sueldo para eso, como Andrés, al que muchas veces le voy con proyectos y me dice “pero vos estás totalmente de atar” (risas).

Hoy trabajo mucho como speaker y una de las charlas que doy se llama “Inspirarme para inspirar”, que consiste básicamente en vivir en estado esponja.

Una vez, en un encuentro de Endeavor (una fundación que impulsa la cooperación entre emprendedores) alguien decía que se cree que uno sale de la universidad y termina el aprendizaje y no es así. Todavía hoy me siento y estudio.

¡Gracias Inés por compartir esta charla con *expertos!

Mis Hobbies

>> Un mar de fueguitos de Eduardo Galeano.

>> Cartas a un poeta de Rainer María Rilke.

>> África Mía de Sidney Pollack, 1985.

>>Serás lo que debas ser o no serás nada, un documental sobre Guillermo Vilas, Netflix.

Ted Lasso >>Ver en Apple TV

Doc Martin >> Ver en Netflix

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